sábado, 14 de julio de 2012

Indignada... no, asqueada

Me encanta la inteligencia de la gente: le quitan la paga extra a los funcionarios y nos alegramos, porque la envidia es el deporte nacional y "que se jodan esos vagos y no coman turrón en Navidad". Como hija, nieta y sobrina de funcionarios puedo decir que la mayoría son personas honradas que han trabajado y estudiado toda su vida para sacarse una oposición y tener los derechos que han adquirido con su esfuerzo. No así los bancos, los que han creado la crisis, los que han robado nuestro dinero y los que se están yendo de rositas. No así la casta de políticos corruptos, los cuales tienen la desfachatez de pedir que nos apretemos el cinturón y hagamos un esfuerzo mientras ellos se regodean y dejan intactos sus privilegios. ¿Y qué hacemos nosotros? Consentirlo. Alegranos de que parte de los "nuestros" estén peor (mal de muchos, consuelo de tontos) y permitir que nos traten como marionetas y se carguen la clase media. Y si otros protestan y tratan de impedirlo, tacharlos de "perroflautas" o "revolucionarios"... Pues muy bien. Así va el país. Al final tenemos lo que nos merecemos.

lunes, 9 de julio de 2012

Moving


Llevo varios días empaquetando mis cosas, pero sin asimilar realmente la situación… me mudo. Sólo han sido dos años, tampoco es tanto…, pero han sido dos grandes años, llenos de cambios, experiencias, personas que han entrado en mi vida y otras a las que he echado de menos. Me llevo grandes recuerdos en la maleta, pero también hay muchas cosas que se quedan entre estas paredes, paredes que han sido testigos de grandes momentos, pero también de noches de lloreras y de soledad, de emociones vividas y de las que quedaron por vivir… Es inevitable ponerse melancólico. Siempre que nos enfrentamos a cambios se mezclan la emoción de lo nuevo con la nostalgia de lo que fue, la alegría de empezar otra etapa con la tristeza de tener que cerrar la anterior.

No había valorado la importancia del corcho de mi habitación hasta que me ha tocado deshojarlo, arrancar todas esas postales, fotos, notas en servilletas, entradas de cine e invitaciones a bares a los que nunca volví. Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Lo deprisa que nos hacemos mayores.

Siempre recordaré este piso. Lo sé. Me ha visto hacer los últimos exámenes de la carrera y pasarlo muy mal con el proyecto, me ha visto ser por fin ingeniera y empezar mi primer trabajo y ser independiente… me ha visto crecer.

jueves, 9 de febrero de 2012

¿Y por qué no?

Ordenando antiguos correos, me he encontrado esto que escribí el verano pasado, un día que, por lo que sea, estaba inspirada. Es largo, cierto, pero al releerlo ahora, al menos a mí me ha servido como una inyección de energía positiva. Así que lo comparto. Con que le guste a alguien, ya habrá servido :)


Yo no creo en el destino, pero creo que a veces la vida te da lo que necesitas. Muchas veces el tema está en saber reconocer las señales, en identificar qué es lo que necesitas y saber aprovecharlo cuando llega.

Quizás lo que yo diría es que la vida se compone de una serie de acontecimientos que ocurren como consecuencia de una serie de causas y de casualidades. Hay una parte aleatoria que no controlamos, pero también hay una gran parte que se ve venir y sobre la que podemos actuar y podemos predecir. Así somos menos vulnerables.

La parte aleatoria unas veces será para mal y otras para bien, eso realmente no importa. Lo que importa es saber sacar las conclusiones adecuadas y darse cuenta de que, al final, caiga de donde caiga la moneda, podemos ir redirigiendo nuestros pasos y elegir el camino que nos lleve a donde queremos.

Y lo bonito es precisamente eso, ir diseñando el camino, ir reconduciendo nuestras decisiones. Tomar esas decisiones. Y saber vivir después con ellas. A veces serán acertadas y a veces equivocadas, pero siempre se puede obtener beneficio de ellas. De hecho se aprende mucho más de un fallo que de un acierto. Y ese aprendizaje ya lo llevas en el equipaje, eso nadie te lo puede quitar.

Está bien tener cosas, poseer conocimientos, pero está muchísimo mejor saber cómo conseguirlas, dónde tienes que buscar o a quién tienes que preguntar. Si realmente quieres hacerle un favor a alguien, nunca le resuelvas el problema, enséñale a buscar él mismo la solución.

Y sí, ya sé que todo esto suena muy bonito, pero es difícil de aplicar. Lo sé. Eso no quiere decir que no se pueda. Si algo he descubierto en mi corta experiencia en la vida es que somos capaces de hacer mucho más de lo que creemos. Todos. Se puede ser más alto o más bajo, más guapo o más feo, pero lo que siempre se tiene es instinto de supervivencia. Estamos hechos así. Y no vale la excusa de “yo no tengo fuerza de voluntad”. La fuerza de voluntad no es algo que se aprenda, no es una capacidad o una habilidad, es una actitud. Y una actitud es algo que todos tenemos o podemos tener.

Y aquí no vale refugiarse en la excusa de que “por mucho que yo quiera, nunca seré atleta de élite porque no nací con capacidad para ello”. En el caso de una actitud, el “por mucho que yo quiera” es lo que importa. Tienes que querer. Y si quieres, puedes.

Lo malo es que nos pasamos la vida buscando excusas, es más fácil echarle la culpa a otro que a uno mismo. Bueno, mejor que culpa, responsabilidad. Que tampoco está bien esa moral del sufrimiento. Ya basta de sentirse culpables… ¿por qué? ¿por ser humanos? ¿por cometer errores? Es como si una flor se sintiera culpable por tener polen y que afecte a los alérgicos. Ridículo, ¿no? Pues en nuestro caso es igual. No hay que sentirse culpables por ser torpes o por no haber hecho algo bien hasta ahora. Hay que pensar que somos responsables de nuestros actos y de modificar nuestras conductas y actitudes. Identificar qué es lo que no nos gusta, qué podríamos mejorar y cambiarlo.

En mi caso, llevo toda la vida sintiéndome culpable por ser gorda. ¿Por qué? ¿Por qué la sociedad tiene que hacerme sentir así? O mejor dicho aún: ¿Por qué tengo que consentir que me hagan sentir así? Yo no tengo la culpa de tener un cierto metabolismo. Igual que otras personas no tienen la culpa de que no se les den bien las matemáticas. Lo que sí tengo que hacer es asumir la realidad ya de una vez. De nada sirve que me siga quejando de que nací gorda y de que tengo un metabolismo que no me permite comer lo que quiera y no engordar. Eso no lo puedo cambiar. Pero puedo cambiar mi actitud. Otras ventajas tendré, otras cosas en la vida me habrán venido regaladas. Ésta no, pues bueno, tendré que esforzarme más. ¿Que para otras personas es mucho más fácil? Sí, es cierto, hay gente que no ha tenido que hacer dieta en su vida. Pero veremos dentro de unos años quiénes son los que realmente tienen “ventaja”. ¿Los que no se han cuidado en su vida? ¿o aquéllos a quienes su metabolismo les ha obligado a cuidarse desde siempre?

En cada situación que encontremos hay una oportunidad de aprender, mejorar y, sobre todo, ser felices. Porque la felicidad no está en los acontecimientos ni en las casualidades de la vida, sino en nuestra actitud frente a ella. Hay tantas cosas por las que emocionarse como por las que entristecerse. Lo que pasa es que nos han educado en la culpabilidad y en buscar siempre la parte mala de las cosas, la desconfianza y el miedo. Y cuando alguien te ve positivo, parece que incluso le molesta. Lo primero que piensan de ti si te ven emocionarte es que eres tonto.

¿Entonces es que las personas inteligentes no pueden ser felices? Para mí que en ese caso es que no son tan inteligentes… Está claro que si miras la vida en su conjunto, las desgracias y catástrofes que ocurren, te hundes. Pero si aprendes (sí, ¡aprendes!) a emocionarte por cada pequeño detalle, puedes ir construyendo una vida feliz a base de pequeñas dosis (¡muchas cosas pequeñas juntas hacen una grande!).

Y no es malo ser optimista, no le estás haciendo ningún daño al mundo por ser feliz. Parece que si te alegras por tonterías, estás “desmereciendo” los problemas de los demás. ¿Por qué narices nos han enseñado eso? ¡Menuda tontería! Los problemas van a estar ahí, queramos o no. Tratar de ser felices no es ignorarlos ni desmerecerlos, es aprender a vivir con ellos. Las cosas se sobrellevan mejor cuando uno es feliz. Y la felicidad se contagia. ¿No será entonces mejor enfrentarse al mundo con una sonrisa? ¿No será mejor hacerles las cosas más fáciles a los demás en lugar de compadecerlos?

Además, las cosas no se perciben igual cuando uno está contento y cuando está triste. Aquello de “al perro flaco todo se le vuelven pulgas” es completamente cierto. Porque cuando estamos mal buscamos problemas donde no los hay, dejamos que nos afecten cosas que en otros momentos no nos afectarían. Como dice el principio de incertidumbre de Heisenberg, “el observador, por el mero hecho de observar, ya altera la realidad que percibe”. Eso quiere decir que no vemos las cosas como son, sino que cada uno les aporta una dosis de subjetividad. Y esa subjetividad depende de muchas cosas: de cómo eres, cómo te han educado, pero, sobre todo, de qué sientes. Y lo que sentimos depende de la actitud que tomemos ante la vida.

Yo elijo ilusionarme por cada tontería, plantearme retos y luchar por ellos, no tener miedo de arriesgar… pensar simplemente ¿y por qué no?

domingo, 15 de enero de 2012

"Hay que estudiar para vivir, no vivir para estudiar"

Llevo toda mi vida atrapada entre los buenos resultados, los agobios, la culpabilidad... Hipotecando mi presente por un futuro "óptimo", en el que conseguiré mis ¿sueños?, tendré el mejor trabajo del mundo, podré optar a becas o puestos que otros no podrán...

Y todo ¿para qué? No se puede vivir en el mañana, la vida es hoy y nunca sabes qué va a pasar... Hubo una época en que me aterrorizaba pensar que si ahora me atropellara un coche, lo que llevo de existencia no habría servido para nada, todo el estudio, los agobios, los "debería", las obligaciones... Si miro atrás, siento orgullo de algunas metas alcanzadas, sí, pero ¿es suficiente? Si mi vida acabara ahora, ¿pensaría que ha sido una vida completa? La respuesta es que no.

Estoy harta de crear siempre tantas expectativas y de tener que sufrir muchas veces para cumplir lo que los demás esperan de mí. No sé cómo otros pueden. Yo ya no puedo más. No quiero seguir obteniendo buenos resultados en los estudios a costa de suspender la asignatura más importante, que es ser feliz. Y la satisfacción, la felicidad de una buena nota, ya está desgastada; después de 25 años ya no hace efecto.

Tengo que aprender que mi valía no se mide sólo por los resultados académicos. Y que antes de dejarse la piel en algo hay que plantearse si merece la pena. Está bien querer cumplir objetivos, sí, pero no a cualquier precio. No a estas alturas. No cuando he comprobado que, por mucho esfuerzo que se haga, siempre hay factores externos que no podemos controlar, y que pueden acabar derrumbando todo el castillo que habíamos construido. Y el sudor y lágrimas entonces no valen para nada. Sólo para recordarte que no fuiste feliz por el camino y tampoco lo has sido al llegar a la meta.

En fin, que le podría dar más vueltas al asunto, pero al final el resumen es que acabo de descubrir lo que la sabiduría popular (sin duda, la más sabia) lleva diciéndonos desde siempre: "Hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar".

martes, 15 de noviembre de 2011

Tributo a Tomás Fuentes


Hace algún tiempo, descubrí en Twitter al genial @cap0, o lo que es lo mismo, Tomás Fuentes. Es un tío súper gracioso, cada vez que leo algo suyo no puedo parar de reír... Ya le he escrito por Twitter un par de veces para decirle que me encanta, pero debe ser que se lo dicen mucho y le he pasado desapercibida... :(

En fin, que las buenas fans nunca se rinden y, aunque no estoy tan loca como las de Justin Bieber (thanks MEV - Monstruo Espagueti Volador), hoy se me ha ocurrido una forma de captar su atención - eso y que me aburría mucho esta tarde en el trabajo...

Hay una sección suya que me gusta especialmente y es "En mi contra", en la que toma entrevistas del periódico La Vanguardia y las responde como si se las hicieran a él. Sinceramente, me parecen geniales. Hoy, leyendo una entrevista similar, me he acordado y me ha venido la inspiración, así que aquí os presento mi primer intento humorístico del blog.

Tendréis que perdonar mi inexperiencia en este campo y, por supuesto, entender que no estoy a la altura de Tomás Fuentes, a quien os recomiendo sigáis a partir de ahora. Espero que os riáis aunque sea un poquitino (como dirían en mi tierra).



¿La investigación se puede planificar?

Pues yo me planifico, siempre me marco unos objetivos, pero luego nunca los cumplo…

Parece una buena política.

Pero si te estoy diciendo que no cumplo los objetivos planteados… ¿cómo va a ser así la política?

¿Y no es así?

… pues vas a tener razón.

¿Cómo nació?

¿Yo? De cabeza, como todos los niños… Eso sí, mi hermana nació de culo.

Toda una aventura.

Bueno, no lo sabes tú bien, mi abuela diciendo que la niña tenía la cabeza partida, la matrona que no sabía de dónde tirar…

¿Fue científicamente productiva?

¿Mi hermana? Hombre, pues me permitía hacer experimentos con ella, que si echa una aspirina en la Coca-cola, prueba a beber champú a ver si salen burbujitas…

¿Qué descubrió usted?

Pues que el champú es una mierda porque no salen burbujas si te lo tragas.

¿Para qué sirvió?

¿Tú qué crees? Pues para que mi madre me castigara por investigar con mi hermana pequeña…

¿Qué modelo de investigación le parece más eficaz, el estadounidense o el europeo?

Hombre, sin duda, el estadounidense, porque en vez de investigar con tu hermana pequeña, lo haces con el pringado del instituto, encima le puedes meter la cabeza en el váter y quedarte con su merienda…

Le escucho.

¿No has visto ninguna película americana? No me lo creo… Si es típico, los primates del equipo de fútbol cogen al “loser” de turno y le quitan el dinero, le hacen un montón de putadas…

Explíquese.

Chico, yo creo que está bastante claro, el bicho grande pisotea al pequeño.

Como cualquier otra industria.

Exactamente, veo que lo vas cogiendo. En cualquier industria tratan de explotar a los trabajadores buscando el beneficio… Y no te creas que la universidad va a ser menos con los becarios, todo lo que se busca es que sean rentables…

Pero si son rentables, investigarán mejor.

Ja, que te lo crees tú… Con tanta rentabilidad, los sueldos de becario son tan malos que no se pueden dedicar sólo a investigar, tienen que buscarse trabajos alternativos.

Por ejemplo…

Pues un amigo trabaja de camarero en un bar de copas cerca de la universidad, otro da clases particulares… conozco incluso un pizzero.

¿Y por qué dejan de investigar?

Pues es evidente, para lo que pagan por echarle 10 horas al día a la investigación y que encima la mitad se la lleven los impuestos, muchos becarios acaban dejándolo y buscando otros trabajos, como dar clases particulares, que por lo menos no hay que declarar…

Es una grave acusación.

Vamos, me vas a decir que en tu familia no hay nadie que trabaje “de tapadillo”, ¿no? Además, tal y como está hoy la educación es necesario que se den clases particulares, que no veas cómo se le atragantan a los de la E.S.O las matemáticas…

Hay dividendos que matan.

¡Y tú que lo digas! El otro día traía un chaval unos deberes de matemáticas, con unas cuentas, que tela… ¡unos dividendos, unos divisores! ¡No había quién las hiciera! Encima, consultas los libros de texto y no vienen las soluciones, es que eso ya es abusar…

¿Un ejemplo de esos abusos?

Joé, ¿no has comprado nunca un libro de texto? Es que tienen unos precios… que las familias se quedan casi sin presupuesto para pagar el material escolar de los hijos.

¿No me habla usted del Tercer Mundo?

Qué va, qué va, te hablo de cualquier hijo de vecino, que los sueldos no son tan boyantes y la educación está muy cara…

¿Los políticos no intervienen?

Pues por desgracia sí que lo hacen… meten recortes en educación, privatizan, cambian el sistema cada legislatura, siempre para peor…

De todo habrá.

¿En la ESO? Pff, cualquier cosa te encuentras… está la cosa muy mal. Y los adolescentes de hoy son los adultos de mañana, con eso te lo digo todo.

lunes, 1 de agosto de 2011

¿Suerte?

Últimamente oigo mucho hablar de la gente que tiene buena y mala suerte... ¿pero qué es tener suerte? Empiezo a creer que tenemos los conceptos algo equivocados... O yo veo la suerte donde otros no la ven.

Pensamos que tener buena suerte es que te toque la lotería, que no se te estropee nunca un electrodoméstico, que te caiga en el examen justo la diminuta parte del temario que te sabes... Yo creo que eso es quedarse con lo insignificante y, si lo comparamos con lo que dura la vida y lo compleja que es, no sirve para nada.

La verdadera suerte es encontrar un trabajo que te guste, que te motive, y que te permita vivir, ser capaz de arreglar el electrodoméstico que te estropeó y que te den un toque de atención y suspendas un examen para que la próxima vez estudies y aprendas.

No nos damos cuenta de que lo más importante no es tener los recursos, sino la fuente de la que emanan. La capacidad para extraerlos y aprovecharlos. Lo mejor que podemos tener, la mayor suerte, no es tener grandes posesiones, sino una gran motivación para luchar por aquello que nos gusta.

Entonces... ¿existe la suerte? Para mí, no. Existe la casualidad, la aleatoriedad, y existe la actitud. Existe la voluntad de elegir, aprovechar al máximo las circunstancias que nos rodean, aprender de cada error, tratar de mejorar y luchar por conseguir aquello que queremos en lugar de refunfuñar porque al vecino se lo regalaron.

Si te lo han regalado, no lo vas a disfrutar igual, porque no sabes lo que cuesta conseguirlo y has perdido un importante valor: la capacidad de lograrlo por ti mismo. Porque créeme, hoy has tenido suerte, pero mañana puede que no la tengas. Sin embargo, lo que has aprendido, el poder para luchar por lo que quieres, eso siempre lo tendrás.

jueves, 7 de abril de 2011

La necesidad de opinar

La verdad es que no sabría decir si ésta es una necesidad de la sociedad española o de la humanidad en general, pero creo que se podría afirmar que en los últimos tiempos se está incrementando bastante con el auge de la tecnología 2.0.

A todos nos han soltado alguna vez eso de "Tengo derecho a opinar, ¿no?". Y hombre, dicho así, es verdad, nadie te va a poner una pistola en la cabeza o te va a encerrar por decir una chorrada... (¿o quizás sí?... depende de contra qué o quién vaya esa chorrada...). Pero bueno, no nos desviemos, para mí la respuesta clara es: "Y yo tengo derecho a no querer escucharte".

Hoy en día nos creemos que sabemos de todo y que todas las opiniones son válidas... cuando eso es algo que no tiene ni pies ni cabeza. ¿Por qué tengo yo que considerar como opinión válida la primera cosa que se te ha venido a la cabeza? ¿O el dogma que has aceptado desde pequeño porque te lo contaron así y no te has parado a reflexionar? Encima no intentes debatir, se ponen a la defensiva en cuanto se quedan sin argumentos (porque cuando una opinión no está fundamentada, no hay argumentos que la sostengan)... "Es que tú siempre crees que tienes la razón"... Lógicamente, si no creyera que llevo razón, no defendería esa postura, ¿no te parece?

Hay que ser un poco más prudente. Y asumir que los demás no tienen por qué hacer caso de tus opiniones y consejos, que es otra cosa a la que la gente es muy dada. Que sí, que hay que escuchar a los demás, que yo soy la primera que intenta contrastar opiniones, pero siempre que vea una base sólida y unos argumentos lógicos detrás. Lo que no se puede pretender es que yo cambie una idea fundamentada, a la que llevo años dándole vueltas y que ya he elaborado comentándola con otras personas por la tontería que a alguien se le acaba de ocurrir o que "ha leído en algún sitio". Porque ésa es otra. ¡Menuda ley a la palabra escrita! Ya parece que si algo lo has leído es cierto... Y siento fastidiar la ilusión, pero las cosas las escriben personas como tú y como yo, que también se equivocan y que también a veces pecan de prepotencia a la hora de enunciar sus opiniones.

Y para finalizar, sólo criticar una postura que todavía me enerva más: la del periodista o comentarista que cuenta el evento según su opinión. Eso sí que tiene mérito. Cinco años de carrera enseñándote que tienes que tratar de ser objetivo (sé que hay artículos de opinión, pero retransmitir un deporte no es uno de ellos) y no hay forma de que cuentes un hecho tal cual sin colorearlo con tu percepción personal. Es una falta de profesionalidad, lo mires por donde lo mires. Tú como persona puedes tener opiniones o preferencias por un deportista, un partido político o una marca de champú... pero no es serio que en medios de comunicación públicos utilices tu posición para hacer llegar tu propaganda al público.

En fin, como conclusión, prudencia: "somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras". Si no estás seguro, no hables, escucha y aprende, documéntate. Las personas más cultas que conozco son las que menos necesidad de opinar tienen.